Simone Weil „Leçons de philosophie“ (Clases de filosofía)
Ahora, en cuanto a la ilusión, surge la pregunta de si entre un sueño y una ilusión hay una diferencia de grado o de naturaleza. Uno siempre puede afirmar esto: el paso del sueño al despertar no nos trae las sensaciones que ya existen en el sueño; y, después de despertar, las ilusiones continúan (por ejemplo, uno borda los engranajes del despertador en vez de bordar un fantasma). Se puede decir que el sueño es la ilusión extendida a toda la percepción; el sueño no es una alucinación (sensaciones irreales) sino una ilusión (la imaginación añadida a las sensaciones). Por lo tanto, todas las sensaciones son realmente sentidas, y la imaginación jamás se transforma en sensaciones. (Transcripción de sus clases en la escuela secundaria de mujeres en Roanne de los años 1933–1934 (editada y transcripta por su entonces alumna Anne Reynaud-Guérithault))

La palabra francesa «illusion» en este texto remite epistemológicamente a la mala interpretación concreta de los datos sensoriales; o sea, al hecho de que los ojos o los oídos perciben algo real, pero el cerebro deduce de ahí algo incorrecto. «Täuschung» (engaño/ilusión óptica) es la traducción inusual pero acertada de «illusion» al alemán.


El verbo francés «broder» usado por Simone Weil conecta dos niveles. En el plano artesanal, significa bordar. Weil usa esta imagen para ilustrar el proceso de la percepción: la imaginación no absorbe de manera pasiva los datos sensoriales reales, como el tictac real de un despertador, sino que los borda y los tapa con una imagen onírica. La imaginación trabaja como una bordadora. Agarra la «tela desnuda» (el tictac real y físico del despertador) y borda una imagen onírica alrededor con los hilos de la fantasía.


Al mismo tiempo, en el uso del francés, «broder» significa adornar una historia con detalles inventados, anécdotas o circunstancias para hacerla más viva. En el texto de Weil, ambos significados se entrelazan: lo real se transforma a través de lo bordado, no se trata de un simple agregado.


Por lo tanto, el proyecto de bordado de once semanas en el Pabellón Simone Weil no fue solo un oficio textil, sino un verdadero «entramado y adorno de pensamientos», totalmente a tono con el doble sentido que eligió Simone Weil para sus palabras.


Bordados de y con Juan Cruz Paz
